Salud
Calor de junio: consejos para cuidar la salud antes del verano
Hidratación, protección solar, alimentación ligera y atención a las personas vulnerables son algunas de las claves para prevenir los efectos de las altas temperaturas.
Consejos básicos frente al calor
- Beber agua con frecuencia, aunque no se tenga sed.
- Evitar alcohol y moderar bebidas azucaradas o con cafeína.
- Comer ligero: frutas, verduras, ensaladas, gazpachos y platos frescos.
- Evitar salir o hacer ejercicio en las horas centrales del día.
- Usar protección solar, gorra, gafas de sol y ropa ligera.
- Buscar sombra y descansar si se realiza actividad al aire libre.
- Mantener la casa fresca ventilando temprano y cerrando persianas al sol.
- Vigilar a mayores, niños y personas con enfermedades crónicas.
- Conservar bien los alimentos y mantener la cadena de frío.
- Pedir ayuda sanitaria ante síntomas graves o sospecha de golpe de calor.
Con la llegada de junio, las temperaturas comienzan a subir y el cuerpo necesita adaptarse a nuevas rutinas. Pasamos más tiempo en la calle, aumentan los planes al aire libre y se adelantan las visitas a playas y piscinas. Aunque el calor más intenso suele asociarse a julio y agosto, estas primeras semanas ya pueden afectar a la salud, especialmente en personas mayores, niños, embarazadas, pacientes crónicos y trabajadores expuestos al sol.
El calor obliga al organismo a hacer un esfuerzo extra para mantener estable la temperatura corporal. Cuando sudamos perdemos agua y sales minerales, y si no reponemos líquidos pueden aparecer cansancio, dolor de cabeza, mareos, calambres o sensación de debilidad. En los casos más graves puede producirse un golpe de calor, una situación que requiere atención sanitaria urgente.
Hidratación y alimentación: dos aliados esenciales
Entre los consejos más importantes está beber agua con frecuencia, incluso aunque no se tenga sed. También conviene evitar el alcohol, moderar las bebidas muy azucaradas o con cafeína y aumentar el consumo de frutas, verduras, gazpachos, ensaladas y comidas ligeras. Las comidas copiosas o muy grasas pueden hacer más pesada la digestión y aumentar la sensación de cansancio.
Evitar las horas centrales del día
Otro hábito fundamental es evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, especialmente entre el mediodía y media tarde. Los paseos, compras, recados o entrenamientos deberían organizarse a primera hora de la mañana o al final de la tarde. Cuando sea necesario salir, se recomienda buscar sombra, caminar despacio, descansar con frecuencia y llevar siempre agua.
Protección solar también en la ciudad
La protección solar debe formar parte de la rutina diaria. Es aconsejable usar crema con factor de protección adecuado, aplicarla antes de salir y renovarla con frecuencia, sobre todo si hay sudor o baño. Además, se recomienda utilizar ropa ligera, holgada y de colores claros, así como gorra, sombrero y gafas de sol homologadas. Estas medidas son importantes no solo en la playa o la piscina, sino también durante paseos, jornadas laborales o actividades deportivas al aire libre.
Cómo mantener la casa más fresca
En casa, pequeños gestos ayudan a mantener una temperatura más agradable. Conviene ventilar a primera hora, cerrar persianas o cortinas cuando el sol incide directamente y permanecer en las estancias más frescas. También es importante vigilar a las personas mayores que viven solas, llamarlas o visitarlas durante los días de más calor y comprobar que beben agua, comen bien y se encuentran en buen estado.
Cuidado con los alimentos
La seguridad alimentaria también merece atención. Con las altas temperaturas, es necesario mantener los alimentos refrigerados, no romper la cadena de frío y evitar dejar productos sensibles fuera del frigorífico durante mucho tiempo. En excursiones, playa o campo, se recomienda utilizar neveras portátiles y consumir cuanto antes los alimentos preparados.
Señales de alarma
Hay señales que no deben ignorarse: piel muy caliente, fiebre elevada, confusión, somnolencia intensa, vómitos, mareo persistente, pérdida de conocimiento o empeoramiento brusco del estado general. Ante la sospecha de golpe de calor, se debe pedir ayuda sanitaria, llevar a la persona a un lugar fresco, aflojarle la ropa, refrescarla con agua o paños húmedos y ofrecerle agua solo si está consciente y puede beber sin dificultad.
Cuidarse frente al calor no significa renunciar al verano, sino adaptar los hábitos diarios. Junio es un buen momento para empezar: hidratarse mejor, protegerse del sol, planificar los horarios y prestar atención a las personas más vulnerables puede marcar la diferencia.
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